cumplías mis deseos. las flores del mal se prostituían por verte sonreír y dibujaban la delgada línea que separaba la muerte de la vida en tus manos. espada oxidada clavada en la piedra, y tú, cual caballero andante, me dabas tu mirada con las mil posibilidades existentes para sacarla de aquella roca y así, ser yo la que te protegiese de ese sueño mortal en el que te hallabas. lo sabías casi todo y a mí, me encantaba tu barroquismo, un poco hortera y elegante a veces. cuando miro tus fotos recuerdo a aquel compañero que me introducía en calles bornesinas y abarrotadas de gente que hablaban todos los idiomas menos el castellano. anduvimos por la playa como la familia que descorcha el champán francés mientras entierra la sandía en la arena; a ti se te pegaba la sal, a mí tu piel. ¿dónde esnifo lo que sale a flote para ensuciar la tristeza? te querré siempre, en dieciocho palabras y en dieciocho días que esperé aquel abril.

recuerdo que escupías a los que ladraban e intentaban inyectar el veneno en la plenitud que todos intentamos crearnos. ahora vivimos en burdeles de malos sentimientos, eso sí, cada uno por separado. pero por aquel entonces, cuando nunca pensamos en cantarnos algo parecido a ''bésame, bésame mucho'', la tierra podía estallar si venías a contarme tus locas corduras a aquel portal. yo adoraba tu ego y tu necesidad de escucharte casi tanto como las noches de vino y novedades lujuriosas. bien dios sabe-o la vida-que jamás confundí sentimientos, al igual que a día de hoy sé que silbando podrías encontrarme, para soñar como putas, sin miedo a que en el intento de bailar descalzos se me rompa una media o que a ti, mañana por la mañana se te pasen esas ganas de fumar tabaco, que siempre fue el vicio que me matará las ideas. alcanzamos sueños al llamarnos, pero un día todos se fugaron al romper el muro frágil que sin querer creamos, y el universo se expandió y aunque de tu ventana a la mía haya mil estrellas por conquistar, cada día te canto la canción que pensé el día que supe que te quería, aunque ya ninguno crea en el flaco arrepentimiento de dios.

a nosotros nos unió el teatro, el de la vida. nunca te pareciste a los otros porque en ti estaba la maldad mayor, el sueño negro, la vereda de la puerta de atrás. pulsaste el clic de la película para hacerme creer que pintarías mi escenario como siempre una niña aparantemente angelical lo imagina; rosa. nunca me diste ni un tormento pues el cosmos habitaba en ti y en el cemento que intentaste pegar. y yo creía que ficción y realidad no podían soltarse de la mano y aunque corrí lo más rápido que pude, Ilusión vino a mi puerta una noche de febrero para agarrarme desde el músculo más sensible de mi cuerpo. pero la tragicomedia se acercaba, el telón cada vez se quería abrir con más y más fuerza, pero te fuiste y yo me cansé de seguir arañas. finalmente como dijo benedetti, me hallé jodido y radiante a la vez, quizá más lo primero. seguro que lo primero.

y finalmente existes tú, aunque haya tiempo y espacio. porque sé que cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo. pero tranquilo, contigo aprendí a ser paciente y serena, para vestirme de la forma en la que te muerdes el labio...sh, hoy estoy tranquila, aunque sea sin ti.